¿Qué es la Flexiseguridad?

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La flexiseguridad (o flexiguridad) tiene dos vertientes: una macroeconómica, de política laboral de un país, que es la más utilizada, y otra más restringida, que se refiere a las prácticas que puede llevar a cabo una empresa, internamente, para reordenar y optimizar sus recursos humanos.

  • En la primera modalidad (que podríamos llamar “pública”), la flexiseguridad/flexiguridad consiste en una política proactiva de empleo y protección social basada en tres pilares fundamentales: mayor facilidad para contratar y despedir trabajadores, mayor protección social para los desempleados y el establecimiento de un régimen de derechos y deberes para éstos, fundamentalmente de actitud y formación. El país que primero introdujo este sistema fue Dinamarca, a principios de los años 80, y se considera que existe una flexiseguridad holandesa, una flexiseguridad austriaca, una flexiseguridad alemana, etc., adaptadas a las respectivas culturas laborales de estos países.
  • En la segunda modalidad (la vertiente “interna” o privada”), la flexiseguridad/flexiguridad consistiría en promover destinos alternativos para los trabajadores de una empresa, intentando preservar en todo momento los puestos de trabajo.

Se supone que la flexiseguridad/flexiguridad supondría una rebaja de la presión fiscal para las empresas, y un despido más barato, las dos aspiraciones clásicas de la patronal española. Se potenciarían las agencias de colocación de empleo (que surgirían a partir de las Empresas de Trabajo Temporal y otras). Las personas que se quedasen sin empleo estarían mejor protegidas económicamente, pero se las obligaría a seguir actividades de formación encaminadas directamente a los sectores donde haga falta esa mano de obra, aunque fueran totalmente nuevos para el trabajador. Con toda probabilidad habría un aumento de la presión fiscal para las familias, que tendrían que sufragar esa mayor protección económica del desempleo y ese enorme esfuerzo nacional en formación profesional. La flexiseguridad/flexiguridad es un modelo caro, así que habrá que pensárselo muy bien antes de intentar implantarlo.

A la derecha, por lo que parece, le gusta más el modelo que a la izquierda, cosa que da que pensar. Sin embargo, las voces más puras del liberalismo económico cuestionan el modelo por reforzar el papel tutorial del Estado en la economía. La izquierda, por su parte, sospecha que tras la pantalla flexisegura se oculte la intención de desmantelar el sistema de protección social típicamente europeo.