Las sombras del 25-S

Muchos ciudadanos están indignados: algunos de ellos han estado esta semana en Madrid, rodeando el Congreso. Esto es democrático y saludable, y desde luego constituye una alerta para todos. Sin embargo, algunas de las pancartas, que pedían la “dimisión del Gobierno”, denotaban una politización de parte de los manifestantes. No me parece deseable, pues el Gobierno que tanto nos decepciona ha sido elegido por la mayoría del Parlamento, que a su vez representa a la mayoría del pueblo. Al anterior presidente, que como se sabe disfrutó de siete años para dejar la economía nacional devastada, no se le hicieron algaradas semejantes.

Una cosa es estar contra la alianza entre los poderes financieros y los partidos políticos, y en esa lucha estamos cada vez más ciudadanos, y otra muy diferente deslegitimar a un Gobierno sólo porque no nos guste, favoreciendo a partidos de la oposición, como si éstos no estuviesen participando del mismo juego. Querríamos que el Gobierno democrático, el que esté en cada momento, plantase cara a los poderes económicos, y ése es el mensaje que se puede y debe transmitir. Utilizar las concentraciones en torno al Congreso para favorecer, deliberadamente o no, las aspiraciones de poder de quien fue la mano derecha del anterior presidente, es jugar sucio. Y hay que admitir que sólo una minoría de los manifestantes jugaba a ese juego; nuestro respetuoso reconocimiento a los demás.

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